El trabajo interior del que nace la cultura dialógica.
La cultura dialógica no se aplica: se vive. Y esa vivencia empieza en el trabajo interior. Los seis ejercicios preliminares que Rudolf Steiner ofreció como fundamento del desarrollo interior son su primer paso.
La mayor parte del día no soy yo quien dirige mis pensamientos: las circunstancias, los hábitos, lo que «está en el aire» deciden qué pienso y cómo lo hilo.
MetaVolverme señor de mi propio mundo de pensamientos: sostener, por propia iniciativa, un pensamiento sencillo elegido por mí, y llevarlo hasta el final.
Gran parte de lo que hago nace de la presión externa o de la rutina, no de mí.
MetaProponerme un acto pequeño y libre —a una hora fija, sin más razón que haberlo decidido— y sostenerlo.
El vaivén de simpatía y antipatía, de alegría y pena, me arrastra y decide por mí.
MetaNo dejarme arrastrar por las emociones: que el sentir pase por mí sin gobernarme. No es reprimirlo, es no ser su juguete.
Lo primero que veo suele ser la carencia, el error, lo que falta.
MetaDescubrir, además, lo verdadero, lo bello y lo bueno de lo que aparece —sin negar lo otro.
El juicio ya hecho cierra la experiencia; lo conocido tapa lo que podría contradecirlo.
MetaAbrirme a lo nuevo con la disposición a que contradiga lo que ya sé.
Cada ejercicio, por separado, es parcial.
MetaPracticar los cinco en equilibrio vivo, sosteniéndose unos a otros.